CONCLUSION

Comunicarse es esencial y nos permite interactuar con las personas a nuestro alrededor o nuestra comunidad e incluso con las especies animales. En nuestra vida cotidiana no dejamos de hacerlo, ya que todo acto o incluso su ausencia es comunicativo. 

Estamos dentro de una sociedad cada vez más individualista, cosa que dificulta que la efectividad en la comunicación. Las personas tienden a expresarse continuamente sin dejar espacio a los demás a contestar y sin escuchar realmente lo que el otro tiene que decir, además de hacerse frecuente el uso de ambivalencias y ambigüedades que pueden dar pie a distintas interpretaciones. El ejemplo claro de ello hoy día son las redes sociales.
La comunicación entre padres e hijos es una de las formas más eficaces en que la familia puede transmitir a los niños y jóvenes los valores para enfrentar situaciones de riesgo y ponerlos a salvo de las malas influencias.


Si los padres se comunican bien con sus hijos, es más probable que los niños estén más dispuestos a hacer lo que se les pide, porque estos niños saben lo que sus padres esperan de ellos, y es más probable que lo puedan cumplir. Además, estos niños son más aptos a sentirse seguros de su posición en la familia, y es posible que sean más cooperativos. Si, por el contrario, la comunicación entre padres e hijos es inefectiva o negativa, puede hacer que sus hijos piensen que, en primer lugar, ellos no son importantes, que nadie los escucha y nadie los comprende; y, en segundo lugar, también pensar que sus padres no son de gran ayuda y no generan confianza.



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